estaba muy poblado, tenía numerosas casas y era un lugar próspero y rico. Un día, sin
embargo, ocurrió algo que angustió y acabó con la alegría de los habitantes de Urrialdo.
Una serpiente robó un huevo de gallina y lo empolló. Llegado el momento, el huevo se
rompió, y de él salió un basilisco. Tenía el tamaño de un gato, su cabeza parecía la de un
gallo con dientes, su cuerpo era de serpiente, tenía unas alas llenas de espinas y su cola era
larga y puntiaguda como una lanza.








